sábado, 30 de abril de 2016

Todo lo que Jessica Fletcher vino a decirme y yo no tuve el valor de negar



En la cocina tengo un frutero. Fue un  capricho: un frutero de cristal de tres pisos. Precioso. Una compra compulsiva de víctima del laberinto del Ikea y sus ideadores suecos, perversos, muy perversos, que para adquirir un par de bombillas led de las del final del laberinto, te hacen recorrer el laberinto entero sin posibilidad de escapada ni de vuelta atrás. Tienes que pasar obligatoriamente por la sección salones y comedores con niños rubios correteando alrededor de un sofá donde una madre lee -¡lee!-, por la sección mesas y sillas de oficina, luego por la sección cocinas impecables con mini jardincillos donde brotan hierbas aromáticas,después por la sección dormitorios de matrimonios mixtos y étnicos que no discuten nunca gracias a las barreras que se crean entre ellos a base de cojines con estampados tiroleses, y también por la sección niños. Niños suecos, claro, niños que sólo han visto el sol en los dibujos animados, niños descalzos con habitaciones de colores y paredes de pizarra que no han oído nunca la palabra corrupción, ni han comido un cocido completo con sus garbanzos y su relleno, porque el único relleno que conocen es el del edredón. Niños de otro planeta que se asoman a la ventana, no para ver procesiones, ni toros, ni desahucios, ni suicidas lanzándose al vacío. Niños que contemplan embarcaciones de madera, casitas de colores y la aurora Loréal. Después de varias horas llenando un carro de utensilios que convertirán tu casa en un hogar mullido y feliz, por fin llegas  a las bombillas que es a lo que ibas, Pero llegados a  este punto no sabes si te quedará dinero para las dos míseras bombillas  y por no pasar un apuro en la caja, decides que mejor las compras otro día, aunque tengas que volver a las garras del laberinto. Volver al laberinto, sí, caminando de nuevo como una oveja churra por los senderos que ha ideado el señor. Un sendero para  tontos como tú y como yo.
 Así es como llegó el frutero a mi casa.  Como un hijo de penalti pero al que al final se quiere.

Ayer miré el frutero.
Lo miré como se miran las cosas por primera vez. Y sentí vergüenza.
En mi frutero hay:
- una caja “Leotrón” con jalea real, 12 vitaminas y 4 minerales.
- una tarjeta que anuncia “reformas en general” soleras, alicatados, pintura, fontanería -pida presupuesto sin compromiso-
- tres sobres de infusión “yogi tea Himalaya” que me regaló mi  amiga Isabel, que siempre está a la última en asuntos de sanaciones espirituales a base de infusiones.
- dos paquetes de pañuelos de papel.
- una barra de cacao con olor a frambuesa.
- una concha marina grande y rosa, tipo vieira.
- el esqueleto de dos estrellas de mar.
- piedras.
- fósiles.
- una bolsa de caramelos de regaliz "liquirizia dietorelle", para cuando me entra el hambre y no quiero comer.
- un papelillo pintoresco que estaba en el buzón donde se anuncia el “gabinete de videncia del doctor Dabo” vidente, futurólogo y curandero que ayuda a resolver la adicción al tabaco y al alcohol, la depresión y casi todos los problemas que acaban en -ón, incluídos los problemas de erección, además del mal de ojo y el olor a ajo.
- Otro papelillo similar de la competencia, el "Señor Bora. Magia africana", que asegura que “no hay problema sin solución” y garantiza las mismas cosas que el doctor Dabo pero éste además trabaja a distancia. Yo los guardo por fetichismo, por exotismo y porque nunca se sabe.
- unas gafas de sol con las patillas mordisquedas.
- doce cartas sin abrir.  
- una caja de infusiones "INFURELAX" .
- otra caja de infusiones "NON STRESS" donde sale una chica sentada a lo Gandhi con los ojos cerrados haciendo como que hace yoga.
- el afinador del rabel.
- cajas vacías de lexatín, de diazepam, de alprazolan y lorazepam.
y un papel verde que dice: "Retiro de fin de semana: Viaje al bosque del corazón. Yoga, meditación y naturaleza. Cocina eco-vegetariana y biodanza. Organiza Crecimiento Espiral Selenita.

La única fruta de mi frutero era la frambuesa de la barra de labios. Ya me lo dijo la niña: "mamá, la única fruta del frutero es la frambuesa de la barra de labios". ¡Oh ignominia!, ¡oh maldito derrumbe de mi propio imperio!, ¡oh pérfido, satánico y endemoniado destino! ¡Yo soy el reflejo de estos despojos!,
Soy un ser humano en decadencia.
Supongamos que hubiera cometido un crimen. Supongamos que en una acalorada discusión y a falta de cojines que la amortiguaran, en el crescendo de mi ira hubiera matado a mi marido. Supongamos que Jessica Fletcher estuviera investigando el lugar del crimen, que Jessica Fletcher llegara a mi cocina, que Jessica Fletcher con su cara de marisabidilla se plantara delante de mi frutero.
¡Plin!
- Me encanta que la gente se acuerde de mí.
- ¡Pero si eres Jessica Fletcher!, ¿por dónde has entrado? ¿cómo lo has hecho? 
 fíjate que en este momento te estaba invocando así a modo de ejemplo, lo que son las cosas.
- Por la pared, querida. Es algo sencillo aunque no lo creas. Y rápido, aunque esta vez me he demorado saludando a Mister Proper y al mayordomo del algodón, dos viejos amigos, sí señor. No los veía desde la inauguración de la última sede de Porcelanosa en Arequipa. 
- ¡Yo soy inocente!, tengo limpia la conciencia, yo soy normal y hasta saludo a los vecinos.
Querida, no te acuso de matar a nadie, eres demasiado cobarde. Oh querida, me pregunto si tendrías un té para mí. Que sea un earl grey con una nube de leche. Me irá bien ese té. Pónmelo en una taza decimonónica. Gracias. Llego del Condado de Jefferson, y puedo asegurarte que ha sido un largo viaje.
Pero dime: ¿alguien ha barrido la casa desde anoche? en efecto: ¡pelusas!, ajá tu conciencia es lo único limpio aquí, al menos por ahora. Y dime ¿alguien más tiene la llave de la casa a parte del resto de los habitantes? ¿no le has dado una copia al sargento Boight? 
¡Un momento! ¿Qué es esto? ¿y todas esas cosas impropias de un frutero? Panfletos de magia negra, infusiones relajantes, ansiolíticos devorados, patillas mordisquedas, ¡cartas sin abrir! oh querida, esto es una mala señal. En realidad este frutero está lleno de malas señales. Detrás de las cartas sin abrir hay siempre un enfermo mental ¿y si en una de esas cartas Hacienda te reclama un dinero, o tienes una citación judicial, o lo que es más grave: la biblioteca te pide un libro que no has devuelto? ¿Sabes lo que te digo? Creo que ya he visto suficiente. Usted ha empezado a trasgredir límites; ha perdido el respeto a la Banca, al ministerio de Hacienda y a las bibliotecarias, a su propia cocina y también a los fruteros.
Sí, he dejado de tutearla porque no merece mi confianza. Gracias por el té. Ya no lo quiero.
Es usted un ser deleznable y repulsivo. Una cuarentona en crisis a punto de dejarse las canas y de apuntarse a un curso de biodanza nudista en las profundidades de algún bosque. Disculpe mi franqueza: es usted carne de secta ecológica. Se lo digo así, sin rodeos y a la cara. Está a punto de convertirse a la Felicidad de Herbolario. ¿Cree que puede arreglarlo todo con infusiones, eh? 
Míreme bien a los ojos, a estos ojos de marisabidilla que tengo. ¡Ajá! ¡Lo estoy viendo!: a usted lo que le pasa es que ha llegado al ecuador de su existencia y está frustrada. Piensa que hubiera podido hacer con su vida algo más interesante que vivirla a secas. Usted anhela haber hecho algo más. Pretendía dejar rastro de su paso por este mundo: escribir, pintar, ser vista o ser leída, inventar una nueva ley de la gravedad en la constelación de Orión! ¡Oh gusano! no es usted más que un gusano revolcándose en sus aciagas ambiciones.
¡Egoísta al cuadrado, mala madre y mala mujer! ¿No te bastaba con  tener un trabajo, una casa, un móvil, un coche, el carnet de conducir, estudios, el derecho al voto? Nooo. La niña quiere opinar, quiere escribir, quiere pintar algo y pintar algo en esta vida  ¿Quién se ha creído que es? ¿Emily Dickinson?
¡Oh miserable! ¿ha pensado usted en los disgustos que da a su adorable familia? Le diré una cosa, y deje de llorar, por el amor de dios, ¡qué patetismo! Escúcheme: usted no es hombre. No es rica. No es hija de Barack Omaba ni de la Rana Gustavo. Usted vive en el país más corrupto de toda Europa, el país que inexplicablemente tiene más patriotas por metro cuadrado, patriotas tontos, querida, orgullosos así de la patria en abstracto y a batiburrillo: orgullosos de Torrente, del rey y del ex rey, de la casa real al completo, orgullosos del churrasco, del ruido porque aquí la tolerancia acústica es ilimitada. En su país se habla a voces, se abusa de los tacos, se habla en imperativo y se desconoce el condicional de cortesía. Mire, ¿ve esto? Cuando vengo a resolver algún caso me traigo tapones. Su país tiene muertos en las cunetas, pagos en B, animales agonizando con la lengua fuera para el disfrute de su pueblo, su país es una caca y usted no tiene el ánimo para más caca.
Le daré un consejo porque con esta cara que dios me ha dado sólo puedo dar lecciones o consejos. Míreme bien a los ojos de marisabidilla que tengo: si quiere salir de esta con un poco de dignidad, vuelva al Ikea. Juegue un poco a las cocinitas,  imagine las auroras loréales -porque usted todavía vale algo- y tenga fe en la reencarnación. Ponga la fruta en donde se pone la fruta y, por favor, no se deje las canas. Sobre todo no se deje las canas, porque ese es de entre todos el peor de los presagios.

4 comentarios:

  1. ¡Saraaaaaaaa! Te escribo desde el un suponer, o sea, desde el otro lado. De aquí donde la fosa sola es ya mi bien y asiento. No supe en qué dio al fin cuento del frutero ni a qué vendría esa Fletcher del título tan inquietante. Iba muy bien hasta que me mataste. Bien armado y bien alzado de ocurrencia, de sustancia y de palabras. Ni siquiera me diste tiempo a decirte lo mucho que me gustas cuando hablas (y escribes). Tú mujer, tú no patriota, tú sin rana Gustavo y sin Obamas di; di tú que todavía puedes.

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  2. ¿Entonces qué es lo que tengo en casa? ¿un heterónimo, un alterhomínido, un homo sapiens, un alter ego?.
    Pasó que no pasó nada: Vino Jessica Fletcher a meterse conmigo y a tí te salvó. BSS

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  3. Ustednotienelasuertedellamarse Saturio

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