sábado, 30 de abril de 2016

Todo lo que Jessica Fletcher vino a decirme y yo no tuve el valor de negar



En la cocina tengo un frutero. Fue un  capricho: un frutero de cristal de tres pisos. Precioso. Una compra compulsiva de víctima del laberinto del Ikea y sus ideadores suecos, perversos, muy perversos, que para adquirir un par de bombillas led de las del final del laberinto, te hacen recorrer el laberinto entero sin posibilidad de escapada ni de vuelta atrás. Tienes que pasar obligatoriamente por la sección salones y comedores con niños rubios correteando alrededor de un sofá donde una madre lee -¡lee!-, por la sección mesas y sillas de oficina, luego por la sección cocinas impecables con mini jardincillos donde brotan hierbas aromáticas,después por la sección dormitorios de matrimonios mixtos y étnicos que no discuten nunca gracias a las barreras que se crean entre ellos a base de cojines con estampados tiroleses, y también por la sección niños. Niños suecos, claro, niños que sólo han visto el sol en los dibujos animados, niños descalzos con habitaciones de colores y paredes de pizarra que no han oído nunca la palabra corrupción, ni han comido un cocido completo con sus garbanzos y su relleno, porque el único relleno que conocen es el del edredón. Niños de otro planeta que se asoman a la ventana, no para ver procesiones, ni toros, ni desahucios, ni suicidas lanzándose al vacío. Niños que contemplan embarcaciones de madera, casitas de colores y la aurora Loréal. Después de varias horas llenando un carro de utensilios que convertirán tu casa en un hogar mullido y feliz, por fin llegas  a las bombillas que es a lo que ibas, Pero llegados a  este punto no sabes si te quedará dinero para las dos míseras bombillas  y por no pasar un apuro en la caja, decides que mejor las compras otro día, aunque tengas que volver a las garras del laberinto. Volver al laberinto, sí, caminando de nuevo como una oveja churra por los senderos que ha ideado el señor. Un sendero para  tontos como tú y como yo.
 Así es como llegó el frutero a mi casa.  Como un hijo de penalti pero al que al final se quiere.

Ayer miré el frutero.
Lo miré como se miran las cosas por primera vez. Y sentí vergüenza.
En mi frutero hay:
- una caja “Leotrón” con jalea real, 12 vitaminas y 4 minerales.
- una tarjeta que anuncia “reformas en general” soleras, alicatados, pintura, fontanería -pida presupuesto sin compromiso-
- tres sobres de infusión “yogi tea Himalaya” que me regaló mi  amiga Isabel, que siempre está a la última en asuntos de sanaciones espirituales a base de infusiones.
- dos paquetes de pañuelos de papel.
- una barra de cacao con olor a frambuesa.
- una concha marina grande y rosa, tipo vieira.
- el esqueleto de dos estrellas de mar.
- piedras.
- fósiles.
- una bolsa de caramelos de regaliz "liquirizia dietorelle", para cuando me entra el hambre y no quiero comer.
- un papelillo pintoresco que estaba en el buzón donde se anuncia el “gabinete de videncia del doctor Dabo” vidente, futurólogo y curandero que ayuda a resolver la adicción al tabaco y al alcohol, la depresión y casi todos los problemas que acaban en -ón, incluídos los problemas de erección, además del mal de ojo y el olor a ajo.
- Otro papelillo similar de la competencia, el "Señor Bora. Magia africana", que asegura que “no hay problema sin solución” y garantiza las mismas cosas que el doctor Dabo pero éste además trabaja a distancia. Yo los guardo por fetichismo, por exotismo y porque nunca se sabe.
- unas gafas de sol con las patillas mordisquedas.
- doce cartas sin abrir.  
- una caja de infusiones "INFURELAX" .
- otra caja de infusiones "NON STRESS" donde sale una chica sentada a lo Gandhi con los ojos cerrados haciendo como que hace yoga.
- el afinador del rabel.
- cajas vacías de lexatín, de diazepam, de alprazolan y lorazepam.
y un papel verde que dice: "Retiro de fin de semana: Viaje al bosque del corazón. Yoga, meditación y naturaleza. Cocina eco-vegetariana y biodanza. Organiza Crecimiento Espiral Selenita.

La única fruta de mi frutero era la frambuesa de la barra de labios. Ya me lo dijo la niña: "mamá, la única fruta del frutero es la frambuesa de la barra de labios". ¡Oh ignominia!, ¡oh maldito derrumbe de mi propio imperio!, ¡oh pérfido, satánico y endemoniado destino! ¡Yo soy el reflejo de estos despojos!,
Soy un ser humano en decadencia.
Supongamos que hubiera cometido un crimen. Supongamos que en una acalorada discusión y a falta de cojines que la amortiguaran, en el crescendo de mi ira hubiera matado a mi marido. Supongamos que Jessica Fletcher estuviera investigando el lugar del crimen, que Jessica Fletcher llegara a mi cocina, que Jessica Fletcher con su cara de marisabidilla se plantara delante de mi frutero.
¡Plin!
- Me encanta que la gente se acuerde de mí.
- ¡Pero si eres Jessica Fletcher!, ¿por dónde has entrado? ¿cómo lo has hecho? 
 fíjate que en este momento te estaba invocando así a modo de ejemplo, lo que son las cosas.
- Por la pared, querida. Es algo sencillo aunque no lo creas. Y rápido, aunque esta vez me he demorado saludando a Mister Proper y al mayordomo del algodón, dos viejos amigos, sí señor. No los veía desde la inauguración de la última sede de Porcelanosa en Arequipa. 
- ¡Yo soy inocente!, tengo limpia la conciencia, yo soy normal y hasta saludo a los vecinos.
Querida, no te acuso de matar a nadie, eres demasiado cobarde. Oh querida, me pregunto si tendrías un té para mí. Que sea un earl grey con una nube de leche. Me irá bien ese té. Pónmelo en una taza decimonónica. Gracias. Llego del Condado de Jefferson, y puedo asegurarte que ha sido un largo viaje.
Pero dime: ¿alguien ha barrido la casa desde anoche? en efecto: ¡pelusas!, ajá tu conciencia es lo único limpio aquí, al menos por ahora. Y dime ¿alguien más tiene la llave de la casa a parte del resto de los habitantes? ¿no le has dado una copia al sargento Boight? 
¡Un momento! ¿Qué es esto? ¿y todas esas cosas impropias de un frutero? Panfletos de magia negra, infusiones relajantes, ansiolíticos devorados, patillas mordisquedas, ¡cartas sin abrir! oh querida, esto es una mala señal. En realidad este frutero está lleno de malas señales. Detrás de las cartas sin abrir hay siempre un enfermo mental ¿y si en una de esas cartas Hacienda te reclama un dinero, o tienes una citación judicial, o lo que es más grave: la biblioteca te pide un libro que no has devuelto? ¿Sabes lo que te digo? Creo que ya he visto suficiente. Usted ha empezado a trasgredir límites; ha perdido el respeto a la Banca, al ministerio de Hacienda y a las bibliotecarias, a su propia cocina y también a los fruteros.
Sí, he dejado de tutearla porque no merece mi confianza. Gracias por el té. Ya no lo quiero.
Es usted un ser deleznable y repulsivo. Una cuarentona en crisis a punto de dejarse las canas y de apuntarse a un curso de biodanza nudista en las profundidades de algún bosque. Disculpe mi franqueza: es usted carne de secta ecológica. Se lo digo así, sin rodeos y a la cara. Está a punto de convertirse a la Felicidad de Herbolario. ¿Cree que puede arreglarlo todo con infusiones, eh? 
Míreme bien a los ojos, a estos ojos de marisabidilla que tengo. ¡Ajá! ¡Lo estoy viendo!: a usted lo que le pasa es que ha llegado al ecuador de su existencia y está frustrada. Piensa que hubiera podido hacer con su vida algo más interesante que vivirla a secas. Usted anhela haber hecho algo más. Pretendía dejar rastro de su paso por este mundo: escribir, pintar, ser vista o ser leída, inventar una nueva ley de la gravedad en la constelación de Orión! ¡Oh gusano! no es usted más que un gusano revolcándose en sus aciagas ambiciones.
¡Egoísta al cuadrado, mala madre y mala mujer! ¿No te bastaba con  tener un trabajo, una casa, un móvil, un coche, el carnet de conducir, estudios, el derecho al voto? Nooo. La niña quiere opinar, quiere escribir, quiere pintar algo y pintar algo en esta vida  ¿Quién se ha creído que es? ¿Emily Dickinson?
¡Oh miserable! ¿ha pensado usted en los disgustos que da a su adorable familia? Le diré una cosa, y deje de llorar, por el amor de dios, ¡qué patetismo! Escúcheme: usted no es hombre. No es rica. No es hija de Barack Omaba ni de la Rana Gustavo. Usted vive en el país más corrupto de toda Europa, el país que inexplicablemente tiene más patriotas por metro cuadrado, patriotas tontos, querida, orgullosos así de la patria en abstracto y a batiburrillo: orgullosos de Torrente, del rey y del ex rey, de la casa real al completo, orgullosos del churrasco, del ruido porque aquí la tolerancia acústica es ilimitada. En su país se habla a voces, se abusa de los tacos, se habla en imperativo y se desconoce el condicional de cortesía. Mire, ¿ve esto? Cuando vengo a resolver algún caso me traigo tapones. Su país tiene muertos en las cunetas, pagos en B, animales agonizando con la lengua fuera para el disfrute de su pueblo, su país es una caca y usted no tiene el ánimo para más caca.
Le daré un consejo porque con esta cara que dios me ha dado sólo puedo dar lecciones o consejos. Míreme bien a los ojos de marisabidilla que tengo: si quiere salir de esta con un poco de dignidad, vuelva al Ikea. Juegue un poco a las cocinitas,  imagine las auroras loréales -porque usted todavía vale algo- y tenga fe en la reencarnación. Ponga la fruta en donde se pone la fruta y, por favor, no se deje las canas. Sobre todo no se deje las canas, porque ese es de entre todos el peor de los presagios.

domingo, 27 de septiembre de 2015

El otoño (o cómo la escuela fabrica la tontuna)



El otoño

El otoño es una estación del año que empieza el 21 de septiembre y acaba el 21 de diciembre. El otoño se caracteriza porque no hace ni mucho frío ni mucho calor, y a mí me gusta  porque está en el término medio. En verano hace demasiado calor y se suda bastante, pero en invierno también se suda mucho porque como hace frío nos ponemos un jersey gordo y encima del jersey gordo, un abrigo, así que al final también se suda. A mí no me gusta sudar, la verdad, me da un poco de asco.

Otra cosa que pasa en otoño es que a los árboles se les caen las hojas y en consecuencia dejan el suelo de las calles y de las plazas como cubiertos de una alfombra en tonos amarillos. Esta capa de hojas puede ser peligrosa y provocar caídas debido a la humedad. Para quitar esas hojas, mandan a unos señores del ayuntamiento  con una máquina que es como una mochila puesta  en la espalda con un aspirador pero que en vez de aspirar, echa aire. Con el aire empujan todas las hojas en un montón y luego las tiran a la basura. Y éste es un trabajo que se hace solamente por la mañana, muy pronto, antes de que la gente vaya a trabajar.

Que se caigan las hojas no es ni bueno ni malo; es algo que tiene que pasar porque lo marca el ciclo de la naturaleza, aunque también hay árboles a los que no se les caen, como por ejemplo a los pinos y se llaman árboles de hoja perenne.

En otoño hay muchos frutos de color marrón como avellanas, nueces o castañas que antes han sido frutos verdes y antes de ser verdes han sido flores, pero cuando llega el otoño se ponen marrones. Esto no es ni bueno ni malo, es así porque en otoño tiene que ser todo muy de color marrón.

También se me ha olvidado decir que las castañas pueden ser pilongas o no pilongas. Ser pilonga no es ni mejor ni peor, es ser distinto y eso no es malo. Todos somos distintos. Las personas podemos ser blancas, negras, amarillas como los chinos o marrones como el otoño. Lo importante es que todos seamos solidarios y tolerantes y no marginemos a los otros por cómo son.

El otoño es la época en la que algunos pájaros empiezan a emigrar a África huyendo del frío. Yo esto no lo veo ni bien ni mal. Cada uno que haga lo que quiera siempre y cuando no moleste a los demás, es decir, que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro.

Los días son más cortos en otoño que en verano porque a la tierra por un hemisferio le llega menos luz del sol. Esto pasa porque la tierra gira alrededor del sol en una elipse y en otoño el sol da más por el lado de abajo y calienta a los de Australia, pero luego pasa al revés, que nos da más el sol por nuestro lado y a ellos les toca el otoño, las hojas secas, las nueces y las castañas, es decir que nos repartimos “el marrón”. Esto es bastante justo, porque lo que no puede ser es que a unos les toque siempre lo bueno: el veranito, la piscina y los bikinis de colores y otros carguemos con las peores estaciones. Las personas debemos compartir lo que tenemos, pero compartir de verdad, no dar lo que nos sobra, porque eso no es compartir, eso es dar limosna.

En conclusión, el otoño es una estación fundamentalmente con sus cosas buenas y con sus cosas malas y a algunas personas les gusta y a otras no. Esto no es ni bueno ni malo porque para gustos se hicieron los colores, aunque si tengo que dar mi opinión sobre el otoño diría que a nivel general está bien.

martes, 15 de septiembre de 2015

La resurrección de la carne y el perdón de los pecados


Queridos todos:
No estaba muerta ni estaba de parranda. Estoy resucitada de un letargo infernal de cuyo nombre no quiero acordarme. La historia de esta segunda lámpara con la que doy por resucitado también este blog es la historia de una superviviente que se merece muchos aplausos y condecoraciones.
A esta lámpara la llamaremos desde ahora Salomé  porque es un nombre contundente de mujer de rompe y rasga. Podría haberle puesto Cecilia, como la rompecorazones de Paul Simon y Garfunkel pero romper el corazón a esos dos ya ves tú qué mérito tiene. Me debatí entre Fernanda, Vicenta y Mari Trini pero desistí porque  son nombres que sólo pueden ir juntos. Son nombres de trillizas univitelinas o de amigas que viven en el mismo barrio,  van al mismo gimnasio y  se estremecen a coro viendo el festival de Eurovisión. Tomar a uno de ellos por separado es como adoptar un percebe y dejar a sus hermanos en  el orfanato. Qué pena. La gente que hace eso no tiene corazón. Luego estaba Clotilde que es nombre de gallina, Margarita que es nombre de vaca corriendo por un prao con su cencerro, Esther que es nombre de oveja churra sumisa, y Malena que es nombre de tango.
Así que nada: Salomé.
La gestación de Salomé ha sido muy dura hasta el punto de que ya nadie pensaba que la pobre fuera a llegar a término. Yo diseñé a Salomé en la mesa del comedor con un lápiz, un papel y con mucho amor de ser creador, pero sin las ínfulas de Geppetto y mucho menos de Dios y muchísimo menos de un líder de Podemos, porque hay que ver cómo son las ínfulas de los seres creadores y yo, ya quisiera, pero para ínfulas no valgo.
Compré  abalorios en la única tienda bien surtida en lentejuelas, bolitas y perifollos de toda la ciudad. Una tienda donde la dueña y dependienta que en este caso son la misma persona, resultó ser poco simpática, la verdad. Una dependienta que sólo hace frases en imperativo negativo como "por favor no te apoyes en el mostrador, por favor no toques las vitrinas, por favor no roces los muestrarios, por favor no mires, por favor no niños, por favor no perros, por favor no tosas, no pestañees, no respires..." en realidad lo que nos quiere decir veladamente, aunque ella no lo sepa, es "por favor no vuelvas", y ese es el problema: que no quieres volver pero ella tiene el monopolio del abalorio, así con rima y todo para más retintín. Tal fue mi hartazgo que llegó lo inevitable después de varias visitas: el enfrentamiento. No voy a entrar en los pormenores de tan desagradable episodio ni en quién tenía razón aquel día, pero la cosa es me fui calentando globalmente hasta que exploté, me entró un ataque de orgullo supino y salí de allí jurándole que no volvería nunca más, que había perdido una clienta, que vaya maneras de tratar a la gente, mientras ella, impertérrita como una esfinge, se jactaba de ser un monopolio y de ser la dueña absoluta de sus abalorios, del suelo que yo pisaba y del aire que respiraba. Valladolid da gente así, con la mala leche en la masa de la sangre.
El precio de que yo saliera de allí con la cabeza bien alta lo pagó la pobre Salomé que se quedó a medias como la Sagrada Familia y en un rincón de la casa, olvidada, polvorienta, con su proyecto de vida chafado mientras yo pensaba en las maneras más perversas de conseguir los abalorios sin tener que humillarme ante la dependienta imperativa negativa: entrar por la noche a robarle con un pasamontañas y una linterna, mandar a otra persona a buscar los abalorios o hacer el pedido por internet a nombre de mi madre, fueron algunas ideas.Todas peliculeras e inviables; a mi madre le usurpo la personalidad para firmar reivindicaciones feministas en el change.org y ya se ha coscado, no está el horno para que yo meta  bollos en forma de pedidos online a su nombre, mandar a otra persona a buscar justo los mismos abalorios que yo necesito es dejarse ver mucho el plumero, pero el mayor obstáculo de todos era el pasamontañas. Los pasamontañas me quedan fatal y  yo no me pongo un cinturón de castidad de lana en la cara si no es para atracar al Bundesbank o al menos a la Merkel mientras ronca bocarriba en calzoncillos. Eso de que el fin justifica los medios es mentira y gorda; el fin sólo justifica los medios si en el fin hay mucho dinero o mucha risa en juego. Hacer el ridículo con un pasamontañas por un puñado de abalorios no es dignamente rentable, piénsalo. Bastante vergüenza hemos pasado los niños de los años ochenta con aquellos pasamontañas que además de pelotilla, nos hacían cara de señor jugando al tute, como para recrearnos en el trauma así a la primera de cambio.
El caso es que Salomé supo esperar a momentos de mejor suerte; ha soportado mi mal de ojo, mis fobias, mis altibajos, mi mala salud, la mudanza más angustiosa de la historia de las mudanzas y el abandono de todo un verano en un piso lleno de cajas. Un verano en esta ciudad en agosto es como el desierto de Sonora pero sin cactus ni ratas canguro ni coyotes ni correcaminos. De hecho una vez un hombre se quedó de rodríguez aquí en el mes de agosto, tuvo la mala suerte de que el ascensor se le paró entre el cuatro y el quinto y lo encontraron en septiembre fiambre fiambre. La autopsia reveló que murió de hambre, de sed, de soledad, de calor y que no vino a rescatarlo ningún bombero en tanga y tampoco ningún lagarto.
Pero volvamos a Salomé que ya me he ido mucho por las ramas. Sin ninguna esperanza fui haciendo encargos de abalorios en  sucursales de otras ciudades. Me enviaban lo poco que quedaba en los almacenes: quince abalorios de Logroño, doce de Zamora, cinco de Murcia, veinte de Santander y así hasta conseguir unos cincuenta. Pero no quedaba ni un sólo abalorio facetado de nuestro verde. Los había en verde plátano sin madurar, en verde limón, en verde aceitunado, en verde lechuga, en verde Romancero Gitano e incluso en verde viejo verde, pero el nuestro, era un verde distinto a todos. Un  verde judía verde francesa  precioso pero agotado en todos los rincones de la península y parte de los archipélagos. Así que otra vez a parar la obra. Salomé me miraba, yo me encogía de hombros y las dos lloramos un poco. A ella le han quedado unas lágrimas azul cobalto preciosas. Eso que ha sacado en limpio. A mí las lágrimas lo que me dejan es la cara como un mono de Gibraltar y mucha sed.
Pero el destino, el fatum o el determinismo volteriano me colocó el veinte de mayo a las cinco de la tarde en el centro de Praga delante de una tienda de souvenirs, y allí entre postales macilentas, matrioskas pintadas con prisa, holografías de Kafka, cajas de cerillas, dedales y marionetas con la nariz resfriada, vislumbré ¡oh milagro! nuestra esperanza hecha un manojo de collares polvorientos ¡de nuestro verde judía verde!.
 Me los llevé todos: tres collares y dos pulseras, para luego deshacerlos, claro. Desahacer aquellos collares fue un acto creador quasi divino. Y así como que no quiere la cosa, descubrí el Deconstructivismo Constructivo, una nueva corriente artísica que me he inventao; un bofetón para los arquitectos de vanguardia que se creían los más vanguardistas y que ahora me tienen colapsado el teléfono..
 Que nadie se atreva a insinuar que Salomé no tiene carácter. Salomé es una lámpara con historia y no con una historia made in china,  ni con una historia de molde  ni de producción en cadena. Salomé es única y fuerte porque ha sobrevivido a todas sus dificultades gestacionales, porque es el resultado de la donación de órganos de todas las partes del mundo y porque sabe que la vida de verdad es un milagro, una conjunción de miradas, de partículas y de planetas. Por todo esto y también para llevar la contraria al otoño creo que merece la pena aplazar un poco más mi apostasía y aclamar un credo o algo, aunque no sepa muy bien en lo que credo -más mejor, porque la gente que sabe muy bien en lo que crede me pone muy nerviosa, tiene la obligación de actuar en consecuencia, de dar ejemplo, de ser coherente y eso es poco humano y muy aburrido-. No hay que fiarse nunca de un sabihondo de ideas fijas, ni tampoco de mí, aunque te diga esto con mucha convicción, precisamente por eso, porque lo digo con mucha convicción: ojo.

 No creo en dios
 ni en los padres todopoderosos
 creadores de cielos y de tierras
 de plazas de toros y de puticlubs de carretera.
 No creo en jesucristo pero me gustan los pantocrátores porque me da a mí que en sus dos deditos levantados hay un mensaje subliminal que aún no se ha descifrado y porque tienen algo de bobalicón que me enternece mucho.
No creo en los embarazos por la obra y gracia del espíritu santo porque eso no hay quien se lo crea.
Creo en los motes y en las palabras divertidas como Poncio Pilato que si lo pilla Gloria Fuertes lo hace piloto.
Creo en el descenso a los infiernos porque lo conozco y es mentira que hace calor. En el infierno hace frío.
Creo en el ascenso a los cielos, en la autosalvación, en el humor.
Creo en los locos, en los orgasmos múltiples y en los zurdos
Creo en la destreza de la uña larga de los chinos
Creo en la resurrección de algunos muertos,
 y en la resurrección de las carnes con todos sus pecados.

Jamón


lunes, 25 de agosto de 2014

Mi lamparita




¿Lámparas para qué os quiero si tengo alas pa' volar?
 No voy a hablar aquí sobre la utilidad de la luz en general y mucho menos de la luz artificial en particular. Me importa un pito quién inventó la bombilla; está claro que el Edison ese no pensaba en el favor que nos hacía a los noctámbulos inventando un globito de cristal mágico para que pudiéramos seguir leyendo en deliciosa soledad. No pienso darte las gracias, Edison, y si quieres aparecerte por las noches me da igual, tampoco me dan miedo los muertos que han inventado bombillas. Me doy más miedo yo. Puedes aparecerte a María del Monte que canta como los ángeles o a mis hermanos que adoran los asuntos técnicos. A mí no, por favor: yo desafino y técnicamente soy muy poco interesante.
Esta lámpara es la prueba de que mi tristeza se va encogiendo como los días en otoño, de que estoy otra vez de este lado de la vida y coleando como una lagartija.
Una joya de abalorios de cristal checo con lágrimas verdes de bohemia pintadas artesanalmente con las pestañas  del biznieto de Kafka, es un tesoro que ya quisieran la Zarina Guillermina Fiodorova, Sissí Emperatriz  e incluso Chuck Norris, pero se chinchan todos porque es mía, no se vende y no se encuentra en  Ikea. 


Aunque no lo parezca, este objeto que tampoco encontrará en teletienda, está inspirado en Casablanca. Yo no he visto Casablanca pero sí he admirado y tocado disimuladamente la lamparita que respiró el mismo aire que  Humphrey Bogard y esas son emociones que se le quedan a una grabadas en el inconsciente y que acaban saliendo como los traumas de la infancia.  La Bergman sin embargo parece no apreciar la maravilla que tiene detrás. Seguramente  Sam le está haciendo una confesión alcahuetil importantísima  antes de eso de "tócala otra vez, Sam" y entonces va Sam  y toca el piano en vez de la lámparita: qué sosos, qué fieles al guión, qué americanos. 
Mi lámpara ha crecido en la libertad de la montaña, rodeada de vacas y moñigas, de lumiagos y caracoles, de sapos de canto de cristal verde y luciérnagas que si pudieran reir, se reirían mucho de Edison.
Por eso cuando yo decía "tócala otra vez, Sam"  sonaban todos los cencerros del monte y aquello era una fiestorra local -bovino-caprino-equina sin precedentes; y de ahí que la lámpara de Casablanca sea en blanco y negro y la mía en color. Si Sam pasara un verano en la montaña de mi pueblo y escuchara los cencerros, dejaría el piano, dejaría a la ñoña de la Bergman y sería el primer negro rosa de la historia del cine en blanco y negro. 
Sólo hay un placer mayor a escuchar los cencerros del monte y es, lo siento por Edison, escucharlos de noche, con los pies más en el cielo que en la tierra y lejos muy lejos de cualquier  bombilla.


martes, 21 de enero de 2014

HAPPY DEPRESSION

La colección Happy Depression reúne un conjunto de obras gestadas a lo largo de la propia depresión de la artista que bajo forma de autómatas polimedicados y folkóricos buscan la expresión de la desesperanza y también de la esperanza, siempre muy sutil y más escasa, para encontrar en la propia existencia ontológica y palúdica que atraviesa España y la inexistencia sospechada del propio yo, un sentido último a la vida: el humor.
Con esta excelente selección de obras le aseguramos una depresión 100% blankiluli por contagio de la que no podrá escapar.
Cada obra es un drama que viaja de la estética figurativa a la abstracción más lírica en el almacén de la farmacia para enfatizar el dolor con el cromatismo más agresivo. Porque ya lo dijo Chopenjagüer: " No hay dolor sin color", ni artista que se preste sin un  crítico que le escriba cosas incomprensibles. Pasen y disfruten:

Título: hombre desesperado, 2013
técnica mixta sobre papel
7,50 X 10,3cms

La desesperación humana manifestada sobre todo en la parte derecha del cuadro parece ganar fuerza sobre la mansedumbre del eje izquierdo. La depresión no acepta curas convencionales ni charlas con psicólogos. Se observan maliciosas reminiscencias del grafitismo de Basquiat  con quien la autora mantuvo una larga amistad durante su estancia neoyorquina de San Lúcar de Barrameda.










Título: tú, muerto, 2013
técnica mixta: papel sobre cuartilla escolar y tuneao fotográfico. 7,50 X 10,5 cms

La negación del yo a través de la repetición de motivos ortográficos que remiten a una infancia con sudor de axilas y gafas. (¡Como para no negarse el yo!).
Tú, muerto, es una muestra de la combinación de imagen y texto, característica de toda la obra de la autora.
El fondo negro indica sin duda alguna que existe una depresión latente y muy gorda con riesgo de auto-agresión. Tras este hombre de baja autoestima que nos anima a tirarlo por la taza del váter, se revelan otros elementos demoníacamente  humanos y provocadores: tú, espectador, también estás muerto. La infelicidad es inherente tanto al robot que mira como al robot mirado: la corporescencia se lamina en ondas herzianas que no quieren ver la realidad. La cena en el zapato es un mensaje con aliteración  subliminal  para la sociedad española cuando vota. Ahí queda eso.



Título: escitalopram 15 mg, 2013
6,8 X 10,7 cms
técnica mixta sobre papel

La desintegración del sueño como metáfora del tánatos se presenta aquí tomando la forma de un autómata sencillo a quien la vida se le escapa por la tapa de los sesos, quedando  relegado a una existencia interiormente vacua y supeditada a los psicoanalépticos. La resistencia, aparentemente inexistente se desvela en una violencia cromática infernal.
Este ser infrahumano marcado a fuego con números aciagos en los pies, vive literalmente con la muerte en los talones en una diáspora bastante estática por culpa de los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina.
genialidad cedida por el Museo Baronesa Thyssen Longanizas







Título: aniquilación temporal con escafandra, 2014
 8 X 8 cms
Técnica mixta: collage con pajita
gentileza de James and the giant peach collection, Nueva York

Después de profundos y concienzudos estudios en Universidades americanas de altísimo prestigio, los críticos no han sabido dar una interpretación clara de esta obra, más allá del trastorno de angustia por agorafobia que nuestra artista sufre desde el fatal derrumbe de las torres gemelas y que parece evidente en la obra.
Sentimos no poder dar más información



Título: hombre sin rostro, 2014
10,3 X 7cms
 técnica mixta: collage sobre manchurrones

La inmaterialidad del tiempo que aniquila la percepción, es la sustancia en la que flota este homínido de rostro inexistente y rasgos naïf que evoca tanto la pintura primitiva como el dibujo infantil: piernas descentradas y mirada obtusa para un corazón que se niega a sí mismo en un eco de amarillos gamonedianos.
Vender el alma no está nunca en el frontispicio de los intereses de este entrañable muñequito con hipertrofia de tórax y al que han puesta de penicilina hasta las patas: no es su corazón un bacilococo, y por eso se aferra a la vida como un cobardica
de neocatecúmena proporción áurea.
Para iniciados en masonería y lakotismo las agujas del reloj parecen encerrar mensajes que a los críticos no nos han sido desvelados. Sólo aquellos adeptos al ocultismo podrán ver más allá de los rostros invisibles.




Título: feminismo al carajo
6,3 X 10 cms,
cedido por el Museo de la peineta de María del Monte

Este ser vertiginoso con tetas de aspirina, está programado para ser lo que otros quieran que sea: madre, secretaria,devota,  puta, cuidadora de enfermos o geisha. De ahí su sonrisa forzada, su aparente fragilidad telenovelesca, su equilibrio inestable de tacones lejanos.
Ya lo dijo María del Monte:" la mujer no nace, se hace": se hace puta o geisha para conquistar el espacio que se merece, se hace madre abnegada, aprende a venderse perfumada de chanel o a ponerse una peineta.
Una depresión, la femenina, con añadidura de género y sometida a las subidas y bajadas de progesteronas, estrógenos , síndromes disfóricos premenstruales, reglas, menopausias o perimenopausias y hasta la bolsa de Tokio..
Dice nuestra artista "Las mujeres no estamos locas, tenemos que conquistar nuestro espacio sin ceder al poder patrialcal y económico" por eso tras esta androide aparentemente ruinosa, vendida y maniatada, subyace la esperanza simonebeauvoiriana con el puño bien en alto: "On ne nait pas femme, on le devient"
on devient ce que l'on veut...(quoique...) El verdadero feminismo, dice la artista, no consiste en renunciar a la maternidad ni en dejarse crecer los pelos de las piernas. Ser feminista de verdad es mucho más difícil. La texturización y la superposición de materiales, evidencian una Historia que pesa y que nunca fue contada. Las asimetrías y el dinamismo inquietante de la composición nos adentran en la complicada búsqueda de la identidad femenina.


Título: Tranxilium10 mg, cápsulas duras como la vida misma, 2014
7 X 10, 2 cms
British Museum, London
Técnica: revelado con sobreexposición a los rayos ultra sur bernabeu

Robot con orejas para no escuchar ni el frío ni el calor. Ni el frío de una cuchara en la nariz ni el calor de un abrazo. Se funden forma y fondo en este hombre-tranxilium cegado por el pesimismo capsular de unas gafas blindadas al sentimiento.
La inexpresividad es tal que ya no se contemplan alusiones a la vida ni tampoco alusiones a la muerte.
¿sigue siendo un hombre?








Título: Felicidad de herbolario
7 X 10, 5 cms
Técnica: rudimentaria y escolar
obra cedida por Contraportada de la revista Cuerpo y mente

Esta misteriosa obra, sólo comparable en misterio a la Gioconda, no ha podido ser descifrada ni en  clave de sol ni de fa  por ningún crítico de arte. Su delicada sutileza hacen de ella una entidad criptográfica tan deseada que en una puja de vanguardia, el director de la revista "Mens sana in corpore sano" llegó a pagar trescientosmil dólares. Desde entonces su revista es la más vendida en los kioskos de este mundo tan raro.