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sábado, 30 de abril de 2016

Todo lo que Jessica Fletcher vino a decirme y yo no tuve el valor de negar



En la cocina tengo un frutero. Fue un  capricho: un frutero de cristal de tres pisos. Precioso. Una compra compulsiva de víctima del laberinto del Ikea y sus ideadores suecos, perversos, muy perversos, que para adquirir un par de bombillas led de las del final del laberinto, te hacen recorrer el laberinto entero sin posibilidad de escapada ni de vuelta atrás. Tienes que pasar obligatoriamente por la sección salones y comedores con niños rubios correteando alrededor de un sofá donde una madre lee -¡lee!-, por la sección mesas y sillas de oficina, luego por la sección cocinas impecables con mini jardincillos donde brotan hierbas aromáticas,después por la sección dormitorios de matrimonios mixtos y étnicos que no discuten nunca gracias a las barreras que se crean entre ellos a base de cojines con estampados tiroleses, y también por la sección niños. Niños suecos, claro, niños que sólo han visto el sol en los dibujos animados, niños descalzos con habitaciones de colores y paredes de pizarra que no han oído nunca la palabra corrupción, ni han comido un cocido completo con sus garbanzos y su relleno, porque el único relleno que conocen es el del edredón. Niños de otro planeta que se asoman a la ventana, no para ver procesiones, ni toros, ni desahucios, ni suicidas lanzándose al vacío. Niños que contemplan embarcaciones de madera, casitas de colores y la aurora Loréal. Después de varias horas llenando un carro de utensilios que convertirán tu casa en un hogar mullido y feliz, por fin llegas  a las bombillas que es a lo que ibas, Pero llegados a  este punto no sabes si te quedará dinero para las dos míseras bombillas  y por no pasar un apuro en la caja, decides que mejor las compras otro día, aunque tengas que volver a las garras del laberinto. Volver al laberinto, sí, caminando de nuevo como una oveja churra por los senderos que ha ideado el señor. Un sendero para  tontos como tú y como yo.
 Así es como llegó el frutero a mi casa.  Como un hijo de penalti pero al que al final se quiere.

Ayer miré el frutero.
Lo miré como se miran las cosas por primera vez. Y sentí vergüenza.
En mi frutero hay:
- una caja “Leotrón” con jalea real, 12 vitaminas y 4 minerales.
- una tarjeta que anuncia “reformas en general” soleras, alicatados, pintura, fontanería -pida presupuesto sin compromiso-
- tres sobres de infusión “yogi tea Himalaya” que me regaló mi  amiga Isabel, que siempre está a la última en asuntos de sanaciones espirituales a base de infusiones.
- dos paquetes de pañuelos de papel.
- una barra de cacao con olor a frambuesa.
- una concha marina grande y rosa, tipo vieira.
- el esqueleto de dos estrellas de mar.
- piedras.
- fósiles.
- una bolsa de caramelos de regaliz "liquirizia dietorelle", para cuando me entra el hambre y no quiero comer.
- un papelillo pintoresco que estaba en el buzón donde se anuncia el “gabinete de videncia del doctor Dabo” vidente, futurólogo y curandero que ayuda a resolver la adicción al tabaco y al alcohol, la depresión y casi todos los problemas que acaban en -ón, incluídos los problemas de erección, además del mal de ojo y el olor a ajo.
- Otro papelillo similar de la competencia, el "Señor Bora. Magia africana", que asegura que “no hay problema sin solución” y garantiza las mismas cosas que el doctor Dabo pero éste además trabaja a distancia. Yo los guardo por fetichismo, por exotismo y porque nunca se sabe.
- unas gafas de sol con las patillas mordisquedas.
- doce cartas sin abrir.  
- una caja de infusiones "INFURELAX" .
- otra caja de infusiones "NON STRESS" donde sale una chica sentada a lo Gandhi con los ojos cerrados haciendo como que hace yoga.
- el afinador del rabel.
- cajas vacías de lexatín, de diazepam, de alprazolan y lorazepam.
y un papel verde que dice: "Retiro de fin de semana: Viaje al bosque del corazón. Yoga, meditación y naturaleza. Cocina eco-vegetariana y biodanza. Organiza Crecimiento Espiral Selenita.

La única fruta de mi frutero era la frambuesa de la barra de labios. Ya me lo dijo la niña: "mamá, la única fruta del frutero es la frambuesa de la barra de labios". ¡Oh ignominia!, ¡oh maldito derrumbe de mi propio imperio!, ¡oh pérfido, satánico y endemoniado destino! ¡Yo soy el reflejo de estos despojos!,
Soy un ser humano en decadencia.
Supongamos que hubiera cometido un crimen. Supongamos que en una acalorada discusión y a falta de cojines que la amortiguaran, en el crescendo de mi ira hubiera matado a mi marido. Supongamos que Jessica Fletcher estuviera investigando el lugar del crimen, que Jessica Fletcher llegara a mi cocina, que Jessica Fletcher con su cara de marisabidilla se plantara delante de mi frutero.
¡Plin!
- Me encanta que la gente se acuerde de mí.
- ¡Pero si eres Jessica Fletcher!, ¿por dónde has entrado? ¿cómo lo has hecho? 
 fíjate que en este momento te estaba invocando así a modo de ejemplo, lo que son las cosas.
- Por la pared, querida. Es algo sencillo aunque no lo creas. Y rápido, aunque esta vez me he demorado saludando a Mister Proper y al mayordomo del algodón, dos viejos amigos, sí señor. No los veía desde la inauguración de la última sede de Porcelanosa en Arequipa. 
- ¡Yo soy inocente!, tengo limpia la conciencia, yo soy normal y hasta saludo a los vecinos.
Querida, no te acuso de matar a nadie, eres demasiado cobarde. Oh querida, me pregunto si tendrías un té para mí. Que sea un earl grey con una nube de leche. Me irá bien ese té. Pónmelo en una taza decimonónica. Gracias. Llego del Condado de Jefferson, y puedo asegurarte que ha sido un largo viaje.
Pero dime: ¿alguien ha barrido la casa desde anoche? en efecto: ¡pelusas!, ajá tu conciencia es lo único limpio aquí, al menos por ahora. Y dime ¿alguien más tiene la llave de la casa a parte del resto de los habitantes? ¿no le has dado una copia al sargento Boight? 
¡Un momento! ¿Qué es esto? ¿y todas esas cosas impropias de un frutero? Panfletos de magia negra, infusiones relajantes, ansiolíticos devorados, patillas mordisquedas, ¡cartas sin abrir! oh querida, esto es una mala señal. En realidad este frutero está lleno de malas señales. Detrás de las cartas sin abrir hay siempre un enfermo mental ¿y si en una de esas cartas Hacienda te reclama un dinero, o tienes una citación judicial, o lo que es más grave: la biblioteca te pide un libro que no has devuelto? ¿Sabes lo que te digo? Creo que ya he visto suficiente. Usted ha empezado a trasgredir límites; ha perdido el respeto a la Banca, al ministerio de Hacienda y a las bibliotecarias, a su propia cocina y también a los fruteros.
Sí, he dejado de tutearla porque no merece mi confianza. Gracias por el té. Ya no lo quiero.
Es usted un ser deleznable y repulsivo. Una cuarentona en crisis a punto de dejarse las canas y de apuntarse a un curso de biodanza nudista en las profundidades de algún bosque. Disculpe mi franqueza: es usted carne de secta ecológica. Se lo digo así, sin rodeos y a la cara. Está a punto de convertirse a la Felicidad de Herbolario. ¿Cree que puede arreglarlo todo con infusiones, eh? 
Míreme bien a los ojos, a estos ojos de marisabidilla que tengo. ¡Ajá! ¡Lo estoy viendo!: a usted lo que le pasa es que ha llegado al ecuador de su existencia y está frustrada. Piensa que hubiera podido hacer con su vida algo más interesante que vivirla a secas. Usted anhela haber hecho algo más. Pretendía dejar rastro de su paso por este mundo: escribir, pintar, ser vista o ser leída, inventar una nueva ley de la gravedad en la constelación de Orión! ¡Oh gusano! no es usted más que un gusano revolcándose en sus aciagas ambiciones.
¡Egoísta al cuadrado, mala madre y mala mujer! ¿No te bastaba con  tener un trabajo, una casa, un móvil, un coche, el carnet de conducir, estudios, el derecho al voto? Nooo. La niña quiere opinar, quiere escribir, quiere pintar algo y pintar algo en esta vida  ¿Quién se ha creído que es? ¿Emily Dickinson?
¡Oh miserable! ¿ha pensado usted en los disgustos que da a su adorable familia? Le diré una cosa, y deje de llorar, por el amor de dios, ¡qué patetismo! Escúcheme: usted no es hombre. No es rica. No es hija de Barack Omaba ni de la Rana Gustavo. Usted vive en el país más corrupto de toda Europa, el país que inexplicablemente tiene más patriotas por metro cuadrado, patriotas tontos, querida, orgullosos así de la patria en abstracto y a batiburrillo: orgullosos de Torrente, del rey y del ex rey, de la casa real al completo, orgullosos del churrasco, del ruido porque aquí la tolerancia acústica es ilimitada. En su país se habla a voces, se abusa de los tacos, se habla en imperativo y se desconoce el condicional de cortesía. Mire, ¿ve esto? Cuando vengo a resolver algún caso me traigo tapones. Su país tiene muertos en las cunetas, pagos en B, animales agonizando con la lengua fuera para el disfrute de su pueblo, su país es una caca y usted no tiene el ánimo para más caca.
Le daré un consejo porque con esta cara que dios me ha dado sólo puedo dar lecciones o consejos. Míreme bien a los ojos de marisabidilla que tengo: si quiere salir de esta con un poco de dignidad, vuelva al Ikea. Juegue un poco a las cocinitas,  imagine las auroras loréales -porque usted todavía vale algo- y tenga fe en la reencarnación. Ponga la fruta en donde se pone la fruta y, por favor, no se deje las canas. Sobre todo no se deje las canas, porque ese es de entre todos el peor de los presagios.

jueves, 26 de enero de 2012

Y Dios creó a la matrioska

(Reinvindicaciones entre feministas y teológicas a precio de ganga)

De izquierda a derecha:

1. Katiuska Zhukoski, 2. Irina Skova, 3. Aspirina Poliakova, 4. Milenka Poliakova, 5.Ramona Vodka

Durante siglos se ha pensado que la matrioska es un objeto tonto, un tonelillo hueco en cuyo interior no puede haber más que otra matrioska más pequeña y dentro de esa otra más pequeña y así hasta el infinito.
Pero todas las matrioskas son distintas. Tienen un cuerpo, un nombre y un corazoncito, igual que lo tiene el inmigrante ilegal, le pese a quien le pese. Cuando Dios creó a la matrioska fue injusto con ella: le hizo muy pocas concesiones. Pero si la matrioska dejara de ser matrioska y de contener en su interior matrioskas más pequeñas que a su vez contuvieran o contuviesen otras más pequeñas, sería el fin, no solo de las matrioskas sino también de los patrioskos y entonces el mundo se iba a enterar de lo que vale un peine y pedirían por favor a la matrioska que siguiera poniendo huevos y le pondrían de una vez y de verdad las cosas fáciles para que pudiera ser matrioska sin renunciar a ser persona.
1
Katiuska Tilla, de soltera Katiuska Zhukoski , es la tatarabuela de Ramona, la bisabuela de Milenka, la abuela de Aspirina y la madre de Irina. Nació en Moscú el 14 de julio de 1889 en el seno de una familia noble venida a menos, justo un siglo después de la Revolución Francesa cuando ya habían sido proclamados los Derechos del Hombre y del ciudadano, pero no los de la matrioska, así que las pasó bastante canutas. Tenía un talento especial para la física pero nunca lo supo, igual que nunca supo que su destino era descubrir la Teoría de la Relatividad, que nunca descubrió porque sólo aprendió a leer, a escribir y a venerar a los zares. De jovencita tocaba cada domingo un órgano heredado que ponía los pelos como escarpias. Se casó con Aitor Tilla, un pescador vasco que llegó por confusión a las costas del Báltico persiguiendo a una lubina. Aitor Tilla pidió la mano al padre de Katiuska, el padre de Katiuska dijo que sí y cerraron el trato poniéndose los dos muy coloraos a base de vodka. No sabemos qué le gustaba a Katiuska porque no se lo preguntó nunca nadie. Ni siquiera estamos seguros de que le gustara su marido: Tuvo a su hija Irina y otros ocho hijos más. Cuidó a sus hijos y a sus padres, cocinó, cosió, aró la tierra a cuarenta grados bajo cero y un día se murió. En su tumba pone Katiuska Tilla 1889-1940
2
Irina Skova, de soltera Irina Tilla es la madre de Aspirina , la abuela de Milenka y la bisabuela de Ramona. Nació en 1917 en las afueras de Moscú y fue la mayor de nueve hermanos.
Se casó con Jacobo Skov, un judío con tendencia a la obesidad mórbida, sobrino de Einstein y tuvo tres hijas como tres botijas. En su diario dejó dicho que su mayor pasión era bailar la polka pero postpuso el aprendizaje de la misma para una temporada de tiempo libre, así que crió a su primera hija, luego a la segunda, luego a la tercera, cuidó a su padres ya mayores, cocinó tres veces al día durante 60 años, cosió y aró la tierra - esta vez colectivizada gracias a la revolución bolchevique - pero a cuarenta grados bajo cero igualmente, se sumó al proletariado y dejó el pellejo de sol a sol en una fábrica estatal de conservas en sus últimos años. Murió de repente mientras leía a Engels en el descanso del turno de noche. Nunca bailo la polka.
Su tumba fue destruida por la caída de un meteorito, así que no sabemos más sobre su epitafio ni sobre su existencia.
3
Aspirina Poliakova, nació con dolor de cabeza en 1948 y a veces sus jaquecas eran de tal magnitud que confundían a los sismógrafos locales. Pobrecita Aspirina, tampoco ella pudo salvarse a sí misma.
Conoció a un francés adorable que tocaba la guitarra en la Plaza Roja, se enamoró por igual de su chupa de cuero, de su pelo castaño ondeando al viento y de su estudiada caída de párpados cuando cantaba Heart of Gold de Neil Young . Aspirina se rindió a los encantos del francés, y el francés a los encantos de sus trenzas de muñeca rusa colocadas en forma de diadema. Aspirina se hizo hippie: no quiso volver a usar sujetador y hubiera querido dejarse crecer los pelos del sobaco - de haber tenido sobaco, pero las matrioskas son para bien y para mal seres compactos - Aspirina y el francés no fallaron ni una causa: de mayo del 68 fueron al festival de Woodstock donde besaron la camiseta sudada de Jimmy Hendrix, se manifestaron en contra de la Guerra del Vietnam y practicaron el amor libre. Aspirina sintió el deseo de ser madre y tuvo a su hija Milenka que nació y vivió en una comuna. Aspirina, siempre con dolor de cabeza, crio y educó a su hija y a puñados de niños de la comunidad, cocinó tres veces al día durante años y plantó lechugas mientras el francés, que era un encanto, compartía las gracias que Dios le había dado con otros seres, no se cansaba nunca de practicar el amor libre, porque libre era él, sin ataduras, ni hipotecas ni aburguesamientos. Aspirina se cansó de dormir sola y una mañana tomó un vuelo de vuelta a Rusia, que ya se llamaba U.R.S.S, pero por poco tiempo,y se reencontró con sus padres que habían envejecido brutalmente por culpa de la Perestroika. Pobre Aspirina: se le cayó encima el país y a punto estuvo de hacerse efervescente. Aspirina, en la actualidad cuida de sus padres y de su nieta Ramona a tiempo completo. Además plancha, cocina y no encuentra solución a sus jaquecas. Jean le Boudin es un conocido activista que pasa seis meses al año en países en vías de desarrollo, tiene sitio web y posa para los medios guiñando un poco el ojo derecho porque un día mirándose en el espejo descubrió que el gesto le favorecía.

4
Malenka Poliakova, nació en 1973 y nunca conoció a su padre. Fue una niña hippie que andaba descalza y pintaba en las paredes. Pintaba con las manos, con los pies y con el alma y además fue la primera universitaria de esta saga de matrioskas. Se fue de erasmus y viajó un poco. Se enamoró media docena de veces y se enamoró de verdad, pero no perdiendo de vista la premisa de "vida no hay más que una", tuvo la firme  resolución de no dejar que nada ni nadie le aguara la fiesta, así que iba poniendo puntos finales a sus idilios. Malenka Poliakova tiene tantas ganas de vivir como de pintar,tiene además dignidad y una hija: Ramona. A Malenka Polianova le tocaron tiempos de precariedad laboral y crisis así que para sacar adelante a Ramona trabaja mañana y tarde, fines de semana, festivos y algunas noches. Cuando llega a casa la mini-matrioska Ramona ya está dormida y Malenka demasiado cansada para pintar. Malenka cocina tres veces al día, friega, plancha, cambia pañales y toma lexatines. Un día, en medio de un resplandor cegador dentro de su cocina , se le apareció una matrioska azul que aseguraba venir del futuro, y Malenka se ilusionó pensando que era su hada madrina, pero de eso nada monada: era una representante de lejías y las noticias que traía del futuro no eran nada alagüeñas para el género matrioskil. La matrioska azul dejó a Malenka una botella de lejía y desapareció diciendo: "Neutrex Futura, blancura sin salpicadura" y cada uno que interprete esto como quiera.

5
Ramona Vodka tiene cinco años y todo el futuro por delante. Ramona es una matrioska diminuta y no sabemos si en su interior quedarán ganas y sitio para contener a más matrioskas, porque las muñecas rusas también tienen memoria histórica y Ramona está cansada por ella, por su madre, por su abuela, por su bisabuela y por su tatarabuela. Nació en la era del capitalismo salvaje y de todas sus consecuencias: la inmediatez, la idiotez y la velocidad. Tiene una abuela a tiempo completo y una madre que la mira cuando duerme. No sabemos cuántas veces al día entrará en el féisbuk, cuando tenga feisbuk ni si echará raíces delante de una televisión viendo La Selva de los famosos. Es posible que también ella quiera ser rica y famosa, que se ponga tetas y se acueste con los directores de los programas del corazón. Puede que Ramona Vodka eche a perder todos los progresos de su género y no sabría yo decir si no es ésta una decisión mucho más inteligente de lo que parece.
 O puede que Ramona Vodka, no deje para mañana lo que pueda hacer hoy y aprenda a bailar la Polka, para alegría de Irina Skova que se removerá en su tumba, y pinte si quiere pintar las paredes, los techos y el careto de los famosos. Puede que se anime a tener matrioskas minidiminutas pero maxifelices porque el Patriosko todopoderoso por aquellos entonces ya se haya decidido a devolverles su tiempo. Puede que esta devolución tenga efectos retroactivos y le devuelvan de paso el tiempo de su madre, el de su abuela y el de su bisabuela, pero de momento, las únicas noticias que tenemos del futuro, hablan de lejía…

martes, 10 de mayo de 2011

Los zapatos

Los zapatos parecen seres inocentes inventados para darnos calorcito y protegernos los pies, pero en realidad llevan significados añadidos y encierran verdades crueles de la humanidad. Los seres humanos inventaron los zapatos para subyugarse, para limitarse y empequeñecerse mutuamente.
Los pueblos y las gentes somos manipulados por nuestros zapatos y hasta ahora no nos habíamos dado cuenta. Cada vez que nos ponemos un zapato estamos aceptando una disposición hacia el mundo y eso es un peligro y una gran responsabilidad. Si en esta audiencia alguien lo duda que me diga entonces por qué no hay monjas con tacones de aguja. La monjas, hasta lo que yo sé, sólo pueden llevar zapatos marrones o azul marino, de tipo ortopédico y ancho especial, o sandalias muy austeras con calcetines para los horrores del verano. Todo vale para calzar a una monja a condición de que sea feo y cuanto más feo mejor. Por la fealdad de los zapatos de una monja se puede medir perfectamente su fe y su vocación. A las monjas cuando se hacen monjas les hacen firmar una cláusula secreta por la que tienen que sacrificar la única coquetería que les quedaba destapada: la de los pies. Una monja además de serlo tiene que parecerlo, por eso las monjas con sus zapatos tienen que dar suficientes muestras de austeridad para ser convincentes, (algún día se probará científicamente que la austeridad no está reñida con el buen gusto). Y de esta manera los zapatos de las monjas ponen en evidencia la hipocresía de la Iglesia.

Pero las monjas no son las únicas: las reinas y las princesas tampoco pueden llevar los zapatos que quieren. El verdadero deseo de una reina es asistir a la boda de otra reina en chanclas de piscina, pero eso es algo que no permitirían nunca los del protocolo de la casa real. Una Reina tiene que llevar zapatos elegantísimos a juego con todos sus vestidos, así que los pies de una reina se pasan la vida estrenando zapatos para un rato. Zapatos que pasado ese rato no volverá a ver nunca y pagando por ello un buen precio en juanetes reales. Las reinas nunca repiten zapatos. No pueden, aunque encuentren unos preferidos. Pobres reinas. Pobres princesas. Todas sueñan con el día de su rebelión cuando en medio de la recepción del Emir de Catar y la jequesa Mozah Bint Nasser, se quiten los tacones protocolarios para clavárselos en el cogote a los jeques y se saquen del bolso unas chanclas naranja fosforito del Carrefour con estampados de Bob Esponja. Entonces se abrirá el cielo y aparecerán los de Maita Vende Ca para hacer la banda sonora de ese momento tan culminante, se llevarán a la reina a cuestas loca de contenta y agitando sus juanetes recién liberados.

Para subyugar a las mujeres en general se inventaron, entre otras cosas, los zapatos de tacón. Nos convencieron de que estábamos muy guapas y estilizadas viendo el mundo desde ahí arriba. Pero la verdad es que se inventaron para que llegáramos las últimas a los sitios y así dar ventaja a los hombres. No hace falta ser muy listo para saber quién llegará antes a la salida en caso de incendio. En El Coloso en llamas las últimas en salir fueron las mujeres con zapatos de tacón. Muchas de ellas no salieron y murieron calcinadas dejando un cadáver muy estilizado. Yo no tengo por vocación dejar un cadáver estilizado. Y esto del incendio es aplicable en caso de alarma nuclear, terremoto, tsunami, las rebajas más golosas del Corte Inglés, la presidencia de la OPEP y los gobiernos. A ellos no les interesa que lleguemos las primeras.

Como alternativa al zapato de tacón se inventaron las "bailarinas" o "francesitas", que gozan de mejor fama por no causar ampollas ni dolor aparente pero con las que tampoco puedes salir corriendo en caso de incendio. Otra engañifa. Yo desde aquí voy a aprovechar la oportunidad que me brinda mi propio blog para mandar un mensaje a los inventores de zapatos para mujer:

“Queridos inventores de zapatos para mujer:
(Sé que sois los mismos que habéis ideado la depilación con cera caliente, el burka y el garrote vil)
Gracias por no hacernos creer que nos estilizan los zancos con clavos, o las albarcas con brasas en el interior. Gracias por haber ideado solamente tacones de una altura máxima de 20 centímetros in pro de nuestra esbeltez, pero tomad nota: las mujeres no queremos zapatitos de cristal, ni príncipes que nos los pongan, ni francesitas para esperar en una torre a ser rescatadas. No queremos ser esbeltas ni comer perdices, así que adapten por favor su producción a la demanda. Lo que necesitamos son zapatos para poder salir corriendo sin poner en peligro nuestra integridad física.
Algunos zapatos son especialmente perversos: llevan de premio una maldición. Es el caso de los zapatos de rejilla, casi extintos, que hacen de quién los lleva puestos una especie de penitente desconsolado. Los dueños de unos zapatos de rejilla suelen ser abuelos que vagan como almas en pena por las ciudades haciendo recados para toda la familia. Detrás de unos zapatos de rejilla hay siempre un abuelo maltratado: abuelos que bajan a hacer la compra, abuelos que bajan a hacer la quiniela de sus hijos y nueras, abuelos que bajan la basura, abuelos que recogen a los nietos del colegio, abuelos que cocinan, abuelos a los que se empaqueta y envía por packexpress sin ni siquiera poner “ frágil” para estar un mes en casa de cada hijo, y abuelos sin dentadura a los que se les quita el dinero de la pensión para comprar a la familia bonitos zapatos.
Estos abuelos tuvieron vidas plenas hasta que metieron sus pies en unos zapatos de rejilla. Los zapatos son jaulas con trampas mortales que alteran el rumbo de nuestro destino; hay zapatos muy pulidos que nos cambian la afiliación política, otros de punta estrecha que convierten los buenos maridos en mujeriegos mitómanos, plataformas que agravan la voz, sandalias de gladiador romano para aligerar conciencias, zuecos que amplifican la maldad de la enfermera, botas de agua para contar chistes malos y sandalias para que te dejen plantado (que son las que llevo yo ahora).
Los zapatos acaban con nuestra libertad y esto lo saben muy bien los niños que son sabios en miniatura y tienen una cosmovisión desintoxicada. Los pies de los niños quieren estar libres de cargas. Si los niños tuvieran canas y gafas nos creeríamos todo lo que dicen.
Yo necesitaba unos zapatos y llevaba meses buscándolos pero ahora que conozco los entresijos de la conspiración zapatil, y veo los escaparates tan llenos de amenazas primavera-verano, prefiero quedarme descalza para siempre. Lo siento, pero ando desatadamente feliz y no pienso dejar que unos zapatos me arruinen la fiesta.
Algún día me agradecerán el sobreaviso: escuchen a los niños, rehuyan de todo lo sensato y si no queda más remedio, por favor, antes de que sea demasiado tarde, piensen bien dónde meten los pies.